sábado, 26 de junio de 2010

Primer viaje a Aix

este es en realidad un mail del 5 de mayo llamado
"vacaciones mojadas en el sur de Francia"

Hace unos días empecé una nota donde pensaba contarles lo que serían unos días en Aix y Marsella, dos ciudades con reputaciones paradisiacas al borde del mar, al Sur de “la Francia”.

El sol solo llegó hasta la estación de trenes, una tarde increíble se abrió al detenerse el tren. Hacían 39 grados bajo el sol y Jennifer mi amiga estaba en la puerta de la estación con Audrey, su “roomate”. Agarramos poco a poco una autopista llena de carros y de ruido como si la vida dependiera del sol y no de los países, al rato salimos de la autopista por un camino secundario que poco después dejó atrás el asfalto y se adentró a campos plantados de hiervas de provincia, a lo alto se elevaban los rociadores sincronizados sobre una inmensidad donde sólo se ven de vez en cuando algunas casas amarillas de techos de teja y a lo lejos ese paisaje tan cálido estaba coronado por grandes montanas. La casa de Jennifer se encuentra allí, en medio de la nada.

En la nada y en un camino sin asfalto, como si fueras a algunas posadas como la casa de los vientos u otras de cuyos nombres no logro recordar en plena Paraguaná, lo que tiene sentido si consideramos los 39 grados de los que les hablé.Una terraza sembrada de hiervas aromáticas, hiervas en rama y olivos bebes dan acceso a su casa que es un lugar pequeño de colores vivos donde reina un gato, el Puf, un gato negro y cariñoso.

Había llegado a Aix pasadas las 4 pm y entre y una y otra cosa dieron las seis de la tarde, tiempo de abrirse al descubrimiento culinario de la costa. Los sabores del sur son completamente distintos a los sabores del norte. Los alcoholes azucarados o con anís son ritual de la media tarde con especies de conservas de tomates secos y otras de aceitunas conservadas en aceite y especias.

La primera noche fue el descubrimiento de otro tipo de relaciones humanas. A diferencia del norte donde reina la indiferencia absoluta y el silencio, incluso en el medio de la nada la gente del sur sabe hacer ruido y todos abren las ventanas y pasan de apartamento en apartamento a la hora de la cena.

El segundo día fue tiempo de ir al centro de Aix. Jennifer trabaja como asistente en una escuela en las horas del almuerzo y yo tendría dos horas para conocer libremente la ciudad. Lo que contrariamente a lo que la misma Jennifer temía no hizo sino reafirmarme que disfruto el tiempo de estar sola y el sentimiento de libertad que lo acompaña.Sin embargo no fue necesario entrar propiamente en el centro para saber que Aix no era para nada la siempre gris y aburrida Caen, repleta de silenciosas ventajas.

Al mismo tiempo Aix, la ruidosa, me permitió darme cuenta de muchas cosas, entre ellas que he perdido totalmente la costumbre de cosas normales de Maracaibo.Entrando en Aix me choca el hecho de que en un semáforo sale media decena de personas a vender cosas y a limpiar vidrios. Esto jamás lo había visto en Francia. La técnica de los lavavidrios de semáforo es siempre la misma, imponer sus servicios y exigir un pago poco importa la voluntad o la reticencia del conductor.Aix es la tierra de Paul Cezanne y uno se imagina que siendo cuna de un pintor tan importante su presencia será realmente conservada. La verdad salvo dos placas sólo algunos centros comerciales parecen tomarlo en cuenta.

Claro hay un museo al que no fui donde se conserva buena parte de su obra. En el centro de Aix si algo es constante es el ruido. Dos tipos de ruido se mezclan a medida que vas caminando, el primero es el de la gente y las tiendas, donde usted tendrá el privilegio de escuchar a Elvis Crespo. Se imaginarán que yo iba caminando por allí, con mi cámara pensando en la inmortalidad del cangrejo y en eso escucho “pintaaaameeee” y pegué un salto horrorizada y me devolví a verificar semejante falta de glamur.

Una de las cosas de ese tan irrelevante momento que lo hizo importante fue que mi reacción me probó a mi misma que algo de este país ha entrado en mí porque lo que pensé al escucharlo fue “c’est pas vrai!”(no es cierto) en vez de lo que una maracucha tradicional hubiese pensado ante una cosa tan inusual!.El segundo ruido de Aix, son los carros. Los carros que están en todos lados!

Las zonas peatonales no se libran de semejante desgracia y la gente conduce pegada a la corneta y los peatones se meten por cualquier parte y es una guerra entre especies, tal cual una reproducción de la selección natural. La guerra peatón-conductor casi llega a sus últimas consecuencias por lo menos tres veces en mi presencia…Todos los que manejamos y caminamos por las calles sabemos que el bordear el límite de lo trágico genera un choque de adrenalina para cualquiera de las dos partes.

Este exceso se convierte en Normandía en un “usted está loco? –no, no discúlpeme señor, honestamente no fue mi intención” una cara medio molesta y seguir el camino… en una zona francesa pero latina estamos de acuerdo que esa no es la manera de solucionar las cosas.Efectivamente el conductor se baja del carro y comienza a recordarle al peatón toda su familia, que le devuelve tan considerado gesto al conductor. En un momento pensé que si en una zona de Francia podría conducir, debe ser en esta…

Si alguno de ustedes se pregunta a qué huele Aix les diré que Aix está lleno de tiendas de abundantes olores. Por un lado usted será víctima o beneficiario del olor del jabón de Marsella presente en todas las tiendas para turistas y tiendas especializadas, por otro del olor de las hierbas y del tomate cocinándose. Digamos que a este momento estábamos en la mitad de mi primer paseo por Aix, sólo faltándome por contar que todo el sur estaba en permanente lluvia de polen por lo cual tuve yo misma el placer de participar en la epidemia de estornudos colectivos. Había quedado en encontrarme con Jennifer nuevamente en la “Place du Precheur” imaginaran todos que la pobre me había dejado allí antes de ir a trabajar, me había dado un mapa, me había anotado el nombre de la plaza y me había dicho la hora de nuestro reencuentro, complementado por un mensaje diciéndome ya casi salgo del trabajo.

Obviamente, mis queridos lectores, yo nunca sé volver a un lugar. Lo que se solucionó con una llamada y un “dónde estás, yo voy….” Estaba sentada en una banca verde frente a la Rotonda una enorme fuente no muy lejos del centro donde se suceden los restaurantes.Muchas cosas en Aix te demuestran que estás lejos de la igualdad social que al menos se simuló en una época en Francia. Entre ellas que además de pruebas violentas de pobreza, tendrás pruebas violentas de riqueza.Uno se encuentra sin lugar a dudas en una ciudad para ricos y famosos. Algunas cosas que son totales ausentes del norte están presentes en cada esquina del sur. Una de ellas es el sushi y la otra lo centros comerciales.Obviamente que en Francia existen tiendas pero su concepto en el norte es su presencia en las calles de la ciudad, sobretodo en el centro de la ciudad al aire libre, allí, donde las puso la historia. En Aix hay galerías comerciales donde se consiguen grandes marcas, la Guess, la Dior, la Channel, en una estructura de vidrio.

Otro aspecto más de mi distancia. Que feo es ir a un centro comercial!En ese momento mi fin de semana se iba a definir. Se iba a definir porque un extraño fenómeno climático, de esos que se dan cada doscientos años se iba a producir. Empezaría a llover lo que no se detendría en ningún momento de mi estadía. La lluvia fue rápidamente acompañada por una dramática disminución de temperaturas que osciló entre los 15 y los 22 grados.


La playa, tan cercana geográficamente entonces se volvió tan lejana como las playas en Normandía. Porque lo que no les he contado porque el clima lo hace totalmente irrelevante es que vivo muy cerca del Mar.Al transformarse el clima en el clima del norte rápidamente mi viaje perdió el aspecto de un viaje al sur y se convirtió en dos cosas, primero un viaje en el tiempo. Al tiempo de la infancia y de lo que nunca pudimos pensar que serían las cosas pero lo que terminaron siendo y en segundo un lugar un viaje al corazón musical y cinematográfico de Francia.

Con las horas el sitio que conocimos, la infancia, se dibujaba en recuerdos comunes. Una escuela perdida en medio de un valle con las puertas abiertas, un inmenso terreno de básquet, un campo de grama donde los ojos se pierden hasta llegar a un puente de madera. Unas casas llenas de niños que viven libres y juntos. Lo que hoy en día nosotros llamamos “la comunidad”.“Tu te rappelles?” (te acuerdas?) fue el principio de cientos de frases. La tragedia y la alegría se volvían una sola.

Luego con las horas la ciudad fue mutando en nosotras mismas, los niños de la escuela empezaron a escasear, la grama fue limitada para dejar pasar el tram y los carros, la cancha fue cercada. Las casas conocieron accesorios que nunca tuvieron como muros, rejas o puertas. La lluvia y el estar “campo adentro” dejaba por horas mi celular sin señal y eso permitió que los días fueran más intensamente un viaje en el tiempo. Pasos obligatorios encontrarme con mi vida en una carpeta. En efecto, Jennifer guarda minuciosamente todas las cartas que yo le envié desde el primer año y tuvo el placer de someterme a ver la evolución de mi letra, de mis gustos de papeles de carta y de fotos que nunca debieron ser enviadas…

A fuerza de encierro, también fue el tiempo de hacer un intercambio suplementario y de mi llegada cultural a Francia. En efecto Jennifer habiendo estudiado cine y teatro, como su amiga, son una fuente que me hacía falta para conocer la música y el cine francés actual.

Jennifer es la propietaria de una simpática colección de música completada por todos los discos que heredó y un tocadiscos de vinil que tiene desde la adolescencia y cual sería mi sorpresa encontrarme entre su música una colección de música latinoamericana que incluía a Mercedes y alguna canción de trova cubana.Debo decir que pasamos una noche bajo la lluvia, tomando vino rojo escuchando los discos de Gustavo e Israel y sus presentaciones en youtube. Quedando fascinadas las muchachas por la interpretación del “flamenco al joropo” de Gustavo.

Paradero de ensueño? Mi conclusión está muy lejos de eso pero soy justa al reconocer que el fin de semana más húmedo y frío en doscientos años no le hizo justicia y no me permite ser un juez imparcial.En algunas de sus caras al sur le faltan algunas de las pocas cosas buenas del norte y le sobran las cosas malas. Sin embargo como tiempo para pensar, tiempo para cambiar, el viaje valió la pena, me mostró a mi misma mis propias diferencias, mis propias dudas. Me despido adjuntándole dos canciones del soundtrack de un “fin de semana en Aix” y dando fe que si algo vale la pena del Sur, son sus vinos y sus quesos.

Patin-Couffin!
Hasta cada vez más pronto,Ana.

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